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Thứ Bảy, 12 tháng 10, 2013

La cupé de Cynthia

Una cupé nueva que tenía una dueña conocida. Un automóvil que fue parte de una campaña publicitaria, allá por los años 70. Hoy conoceremos parte de la historia de esa cupé 0 kilómetro.



Un día salí a la calle y ahí estaba, blanca y radiante, como la novia de la canción que cantaba Antonio Prieto en los años 60. Pero no era una mujer sino una flamante cupé Fiat 1600 recién salida de la concesionaria.

Recuerdo que estaba estacionada en la calle Galileo, frente al edificio donde vivía en el barrio porteño de Recoleta en mi tierna niñez. La primera impresión fue decirle, a mi tía abuela que me acompañaba, que parecía la trompa de un Torino.

Tiempo más tarde me enteraría que la llamaban “la Torinito” en la jerga fierrera. Critiqué ese “robo” de la trompa por parte de la empresa Fiat Concord. También muchos años más tarde me desayunaría que el diseño de la cupé Fiat 1600 Sport era un desarrollo de los ingenieros argentinos. Por lo que se convertiría en otros de los tantos autos fabricados solo para el mercado argentino.

Pero hasta ahora no he mencionado quién era la dueña de esa cupé 1600 estacionada frente al garaje de mi edificio. La dueña era nada menos que la hermana de Gastón Perkins, el famoso corredor de automóviles de los años 60 y 70. Cynthia Perkins es su nombre.

Resulta que ella estaba casada con uno de los hijos del patrón de mi padre: Jorge Busso, hijo de Eduardo Busso. Cynthia Perkins, además de ser la nuera del patrón de mi padre era una conocida amazona que llegó a ganar el Campeonato Nacional de Equitación de Argentina.

La empresa Fiat Concord realizó una campaña publicitaria con la cupé 1600 y con Cynthia Perkins a caballo. Algunos memoriosos recordarán la publicidad, donde la cupé blanca aparecía en primer plano y detrás Cynthia con su caballo. Esa cupé era la que estaba estacionada en la calle Galileo. La misma de la vieja fotografía que ilustra este relato.

Fiat Concord le canjeó la cupé 1600 blanca por publicidad. Así Cynthia Perkins se hizo de una cupé 0 kilómetro solo por dar su nombre y apellido e imagen a la campaña publicitaria.

Para un niño de unos 10 años ver en la calle de su barrio el auto que solía aparecer en las publicidades gráficas, era como descubrir el detrás de escena del mundo publicitario. La publicidad de Cynthia solía aparecer publicada en las contratapas de la revista AutoClub, órgano de prensa del Automóvil Club Argentino (ACA). También apareció en las demás revistas semanales y mensuales de la época.

Allí está la vieja foto de la calle Galileo para atestiguar que la cupé de Cynthia estaba en la casa donde vivía, ya que venía de visita a ver a sus suegros y de paso traer a sus tres hijas.

Nunca imaginé que escribiría un relato sobre algo que muchas personas vieron en una publicidad de los años 70 en la Argentina. Cosas que nos permiten hacer los viejos autos que supimos conseguir.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos


Thứ Bảy, 22 tháng 6, 2013

La Respuestita del Sábado

Le hice un rasponcito al auto


Había que acertar con la marca del automóvil siniestrado de la vieja fotografía. El auto estimo que era un Valiant III por lo poco que quedaron del los aros de aluminio de los faros delanteros. El Valiant chocó en la ciudad de Buenos Aires. No hubo ganadores.

La foto del choque salió publicada en el diario La Prensa del miércoles 11 de marzo de 1970.


El choque se produjo el martes 10 de marzo de 1970. Cuando el Valiant III chapa 059954 chocó contra un árbol ubicado en la vereda de la Avenida Figueroa Alcorta, casi esquina con Tagle, en la ciudad de Buenos Aires. Donde hoy se encuentra ubicado el Canal7 de la Televisión Pública.

En esa plaza, por aquellos años, había una hermosa plaza donde el autor de estas líneas aprendió a andar en bicicleta. Que cosas por cosas del destino concurría con bicicleta dentro del baúl de un Valiant IV. ¿Existen las casualidades?

Les publico la foto con su epígrafe completo tal cual como salió publicado en el diario La Prensa el miércoles 11 de marzo de 1970.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos


Thứ Năm, 17 tháng 1, 2013

El Coronado Automático, un dolor de cabeza

Mi padre me invitó a que lo acompañara, una tarde lluviosa, a retirar el Dodge Coronado Automatic modelo 1970, que su patrón, un abogado de la ciudad de Buenos Aires había adquirido en la concesionaria Barbagallo de no me acuerdo que barrio porteño.

El Dodge Coronado Automatic 1970 en el garage.


El patrón de mi padre había pagado 23.593 pesos ley 18.188 por el Coronado de color plateado metalizado con techo vinílico negro. La caja automática, Torqueflite, era toda una novedad en el mercado argentino. El primer auto fabricado en el país con caja automática, que era importada desde Estados Unidos, lo que se dice un auto de lujo para Argentina.

Han pasado 42 años y todavía tengo en la memoria el olor al tapizado nuevo. En especial el olor a la tela vinílica, que era muy usada en los tapizados de los autos argentinos de 1970. Tenía 9 años y mi padre quiso que lo acompañara a retirar una tarde lluviosa de otoño el Dodge Coronado Automatic de la concesionaria Barbagallo. Aquello que dice que la lluvia trae suerte para algunas cosas, a un 0 kilómetro, por ejemplo, no se aplica.

Los dolores de cabeza que le trajo a mi padre ese auto no tienen razón de ser. Mi viejo era chofer desde hacia muchos años para un abogado porteño. Varios autos 0 kilómetro le manejó, mi padre, al abogado de la ciudad de Buenos Aires. Ford Taunus 15 M, Peugeot 403, Valiant III y IV y el Dodge Coronado 1970. Mi viejo no quería el auto con caja automática, prejuicios de antes, pero con algunos fundamentos mecánicos. En la concesionaria le prometieron un auto muleto en caso de rotura de la caja automática.

El Coronado que manejó mi padre.

Cuando la caja automática dejó 22 días sin su precioso servicio al Coronado, en la concesionaria, ningún auto reemplazó el servicio de transporte. Promesas de ventas que no se cumplen con el servicio de post venta. En ciudad el uso de la caja automática era muy valioso, pero en la ruta mi viejo extrañaba hacer cambios.

El Coronado también venía equipado con aire acondicionado y dirección hidráulica, es decir un lujo sibarítico para los años ’70 en la industria automotriz argentina. Pero los problemas irían apareciendo. Como a los primeros 500 kilómetrosrecorridos la bomba de agua se desplazaba de su eje tocando el radiador de agua.

En el service oficial le decían que no podían ser. Claro cuando el Coronado estaba frío o con baja temperatura de funcionamiento nada pasaba, Ahora cuando la temperatura del motor llegaba a su punto límite, las cosas se ponían calientes. Tan calientes que se solía quedar sin el servicio esencial del freno, servofreno con discos en las ruedas delanteras. En más de una oportunidad, mi viejo, tuvo que frenar con el freno de estacionamiento. El Coronado era una mole para frenarlo con un sistema mecánico.

La trompa del Coronado 1970.

Una vez en Plaza Italia, en el barrio de Palermo, frente al predio de la Sociedad Rural Argentina, casi choca a los autos que estaban parados en el semáforo de la Avenida Las Heras. Gracias a un oportuno cambio a luz verde el pelotón de autos parados arrancó y mi viejo evitó tocar a alguno de los automóviles detenidos.

La sumatoria del compresor del aire acondicionado, la bomba de la dirección hidráulica y la nula posibilidad de frenar con la caja automática, convertían al Coronado en una bestia de choque sin el servicio de los frenos hidráulicos asistidos por el servofreno.

Otro problemita era que por encima de los 130 kilómetros por hora el tren delantero flotaba como un flan. Tenerlo en la ruta era una tarea titánica. Parecía un buen auto, poderoso y lujoso, pero en realidad se comportaba como el peor auto fabricado en el país. Pese a ser un auto grande y muy confortable.

Poco tiempo duró en las manos del abogado porteño. Prontamente se deshizo de él. Sobretodo porque su idea era que con caja automática podría manejarlo los fines de semana en su quinta de Moreno en la provincia de Buenos Aires. Luego de un par de sustos desistió de la idea y terminó vendiéndolo. Creo que a un viajante de comercio que iba y venía de Mar del Plata.

Pese a todas las dificultades y disgustos que le trajo a mi padre el Coronado todavía hoy, 42 años más tarde, recuerdo esa tarde lluviosa de otoño y sobretodo el olor al tapizado nuevo. Eso nunca lo voy a olvidar.

Mauricio Uldane

Thứ Tư, 26 tháng 12, 2012

Un gasolero amigo, el Rastrojero

El valor del gasoil en nuestros días nada tiene que ver con los valores que se pagaban, en surtidor, en el año 1970. Así lo demuestra una vieja publicidad del Rastrojero Diesel de IME (Industrias Mecánicas del Estado SA). El Caburé, como se lo llamaba, podía ahorrar hasta 800.000 pesos moneda nacional o 8.000 pesos ley 18.188(vigente desde el 1 de enero de 1970) a su propietario.

Publicidad de la revista Análisis de la semana del 12 al 18 de mayo de 1970.


La publicidad del Rastrojero apunta a ganar clientes por el lado del bolsillo. Así lo demuestra la serie de cálculos que se hacen para convencernos del ahorro de dinero por usar gasoil, en cambio de nafta.

Otra cosa de la publicidad: nos muestra las diferentes versiones que presentaba el Rastrojero Diesel. A saber: caja de madera, caja de metal, doble cabina y cabina sin caja. Había otras versiones especiales fabricadas por carroceros independientes de IME. Incluso la doble cabina se hacían fuera de la planta de Córdoba.

Hoy les quería mostrar el modelo Caburéde 1970 a través de una vieja publicidad aparecida en la revista semanal Análisis del 12 de mayo de 1970. Gracias a los oficios de Julián Pérez podemos gozar de la digitalización de la publicidad de IME.

Mauricio Uldane

http://archivodeautos.blogspot.com.ar/2012/04/un-rastrojero-llamado-cabure.html

Thứ Ba, 20 tháng 3, 2012

El Falquiton


Mi tío Manuel lo compró 0 kilómetro en 1970. Siempre lo cuidó mucho. Es más, creo que se le iba la mano y el mecánico le aconsejaba que, de vez en vez, le pegase alguna acelerada en la ruta, para descarbonizar, ¿vio? No se si le hacía caso. 

El Falquiton modelo 1970 estacionado en San Marcos Sierras.

En el año ‘85, el médico le aconsejó que no manejase más, estaba grande y veía poco. Lo estacionó en su garaje y le pasaba una franelita todas las mañanas. Me llamó y me dijo que me lo vendía baratito si yo le prometía cuidarlo. Hasta hoy está conmigo, promesa bastante cumplida.

Siempre estuvo dispuesto. Pasaron algunos autos nuevos, seminuevos, él siempre estaba ahí, listo, presto para auxiliar y remolcar a alguno de los "modernos" que tosían o no arrancaban.

Nunca, pero nunca, nos dejó "de a pie". Siempre había alguna manera de solucionar los inconvenientes que pudieran presentarse. Siempre. La famosa tenaza y el rollito de alambre.

Cuando nos vinimos a San Marcos Sierras, Chiesa, mecánico de cabecera en la calle del café La Humedad del ladrón de Cacho, decidió ponerle servofreno, porque, ¿vio? usté se va a vivir a un lugar que, ¿vio? hay mucha subida y bajada...

También le pusimos gas. Dice mi hermano Ignacio, el gas es para las cocinas... hacelo andar bastante a nafta. Es así. El gas se usa en la ruta, ahí si vale la pena economizar. Arranca y para a nafta el tipito.

En el ‘92, un señorcito de la calle Griveo, le hizo pintura bicapa. Faaa... Duró hasta ahora, recién aparecen esas arañitas en la pintura, indicio de que ya está, ya es tiempo de repintar.

Sigue ahí. Ahora lo atiende Marcelo, en Cruz del Eje, a veinte kilómetros de mi casa. Sigue ahí, presto para lo que fuere menester. No se vende. Solo se presta a los amigos. La única condición es que lo quieran. Digo, para que el tío no se me ofenda.

Quique Pesoa


Nota del editor: Nuevamente le cedo la palabra y la firma a Quique Pesoa, para contar la historia de su Falquiton. Desde 2004 se encuentra instalado en San Marcos Sierras en la provincia de Córdoba, donde atiende la Hostería La Merced, junto a su esposa Leda.

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