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Thứ Hai, 16 tháng 4, 2012

Un auto y un actor


Algunos conocerán al muchacho que está rodeando al Chevrolet Super modelo 1966, aunque la publicidad sea de enero de 1967. Otros no sabrán quien es. Para los veteranos ya habrán reconocido que no es otro que el actor Norman Briski, que se haría famoso por la obra de teatro, y luego película, “La fiaca”.

Publicidad aparecida en la revista Parabrisas, número 73 de enero de 1967.


Por aquellos años el Chevrolet le peleaba la categoría al Ford Falconel rival de las calles y las pistas. La rivalidad de ambas marcas venía desde la época de oro de las cupecitas del TC(Turismo Carretera).

Durante los años ’60 se apelaba mucho en las publicidades de autos de la presencia del deporte o del mundo del espectáculo. Las empresas automotrices buscaban estar en el ámbito deportivo para respaldar el prestigio de la marca.

En especial en aquellos años donde los autos deportivos no abundaban en el mercado y muchos autos de calle corrían en diversas categorías a lo largo y ancho del país.

Una vieja publicidad con un actor joven que se haría muy conocido para todos los argentinos.

Mauricio Uldane


Thứ Hai, 19 tháng 3, 2012

Chevrolet Super 1967


El Chevrolet Super era la versión de lujo de la gama Chevrolet de 1967, que fabricaba General Motors Argentinaen su planta de San Martín en la provincia de Buenos Aires. Venía con el motor más grande y detalles de terminación que lo diferenciaban de su hermano menor: el Special. Un auto que tenía una muy buena perfomancede velocidad final de 160 kilómetros por hora.




Marca: Chevrolet  Modelo: Super  Año: 1967
Motor: naftero  Ubicación: delantero  Marca: Chevrolet
Cilindros: 6 en línea  Cilindrada: 3.769 cm3  Diámetro: 98,43 mm.  Carrera: 82,55 mm.
Potencia: 125 HP SAE  RPM: 4.000 
Tracción: trasera  Caja de velocidades: 3 marchas adelante y retroceso
Suspensión delantera: independiente con resortes y amortiguadores hidráulicos
Suspensión trasera: eje rígido con elástico de una sola hoja (Uniflex) y amortiguadores hidráulicos
Frenos delanteros: a tambor  Frenos traseros: a tambor
Neumáticos: 7.35 x 14
Dimensiones: Largo:4.640 mm.  Ancho: 1.790 mm.  Alto: 1.470 mm.
Distancia entre ejes: 2.790 mm.  Trocha delantera: 1.470 mm.  Trocha trasera: 1.470 mmPlazas: 6  Velocidad máxima: 160 Km/h

Autor: Mauricio Uldane
Escaneo: Julián Pérez
Fuente: Revista Parabrisas

Thứ Bảy, 25 tháng 2, 2012

Vacaciones en carpa


Mar de Ajó fue el destino de nuestras vacaciones en carpa en el verano de 1985. Por aquel tiempo mi viejo había comprado un Chevrolet Super modelo 1969, color turquesa. La verdad que el auto estaba bastante bueno y con el motor 230. Un fierro, con perdón de los fordistas.

Extracto de una publicidad aparecida en la revista Panorama el 22 de marzo de 1969.

Con el fin de viajar cómodos mi viejo decidió que podríamos amar un trailer, para cargarlo con todos los implementos del campamento. Mi Tío Alberto nos ayudó en la construcción que nos demandó tres días de un enero caluroso. Lo armamos con madera y de suspensión hojas maestras de elásticos trasero de un Falcon. Uno tres metros de largo con baranda y puerta trasera.

La pintura fue un rejunte de colores. Un parte era verde como los camiones de la empresa láctea La Serenísima, recibimos varias cargadas por ese color. El interior y las barandas de color blanco. Esa pintura nos la dio un vecino de mi abuela, Hugo, que vivía enfrente y trabajaba en Vialidad Nacional. El blanco era reflectante, la misma pintura que usan para las bandas blanca en el pavimento. Descubrimos en la playa que esa pintura se oxida, tal vez por el metal que tiene en suspensión.

Una vez listo el trailer se lo adosamos al Chevrolet al paragolpes trasero, que mi viejo sacó y reemplazó por otro con el enganche. Imaginen un auto actual tirando un trailer desde el paragolpes trasero de plástico. Una imagen imposible de concebir.

Cargamos el trailer y ya estábamos listos para salir a la ruta hacia nuestras vacaciones en la playa de Mar de Ajó. El Chivo tiraba el trailer como si fuera una pluma. Viajamos durante la noche y a la mañana siguiente estábamos arribando al Mar Argentino.

Durante parte del año anterior se habían producidos unas graves inundaciones en la provincia de Buenos Aires. Tal fue el agua acumulada en los campos que comenzó a drenar hacia el mar. A su paso produjo pequeños canales, que todavía en enero seguían tirando agua. En la ruta habíamos advertido una cantidad enorme de campos anegados.

La fauna de la costa estaban alterada, había pájaros de tierra adentro que buscaban un lugar seco para comer y anidar. Vimos biguás a metros del mar algo totalmente alterado en la Costa Atlántica. Con ese panorama armamos nuestro campamento por primera vez. A lo largo de nuestros días en la playa la operación se repetiría varias veces.

Elegimos un lugar que parecía ser seguro, una especie de escalón en un médano. Una tormenta de lluvia y viento nos cambiaría la opinión de la seguridad del principio. La primera tormenta que se presentó nos obligó a pernoctar dentro del Chevrolet. Éramos mi viejo, mi vieja, mí tía abuela, mi hermana y yo. Ante la posibilidad que la tormenta fuera fuerte desarmamos los caños de la carpa y la dejamos en el suelo con un poco de arena encima. Al amanecer vimos como parte del médano había caído, durante la noche, sobre la carpa.

Un día comenzó a soplar fuerte viento del oeste. Sabido es que a los pocos días tendríamos una crecida del mar. Dos días después para ser exactos. Otra noche adentro del auto con lluvia y fuerte, muy fuerte viento del este. Tan fuerte fue el viento que pulió el paragolpes trasero que estaba pintado de color gris. Pero no sería nada. El mar comenzó a crecer a eso de las 3 de la madrugada.

Yo dormía del lado del acompañante y veo algo luminoso que pasa por debajo del lado mío. Medio dormido me doy cuenta que es el mar que llegaba con sus olas hasta donde estábamos estacionados. La luminosidad que veía era el yodo del agua de mar por el reflejo de la luna, que era llena. Menos mal que no estábamos en un bosque, porque no faltaba el hombre lobo.

Despierto a todos y a empujar. Nada el auto estaba enterrado hasta el diferencial. Mi viejo dice “mañana lo sacamos. De acá el agua no se lo va a llevar”. La verdad que estábamos a más de 50 metros de la costa. Así fue como al otro día lo sacamos. Pero antes les hice notar que el auto se había corrido. “Estás loco me dijeron”. Más tarde les pude demostrar que la tormenta de viento y lluvia, de la noche, había corrido el Chivo con nosotros cinco arriba algo así como metro y medio.

Me di cuenta porque estábamos más cerca del trailer que apuntaba con su lanza al mar. Menos mal que mi viejo estacionó el auto a un costado, sino terminábamos encima del trailer. Con ese punto de referencia les puede demostrar mi teoría del corrimiento del auto durante la noche. Además estaba frenado y en cambio. Fue una linda tormenta, era como si un gigante moviera la cola del Chivo sacudiéndolo sin piedad.

Segundo armado de la carpa que duró poco una nueva crecida del mar nos convenció de abandonar la costa. Nos internamos unos 300 metros en una zona parcelada que hoy es Nueva Atlantis. En lo que sería la vereda de un terreno armamos la carpa para cinco personas, el ante comedor, otra carpa para cinco personas y el baño. Se podría decir que por unos días fuimos unos usurpadores de un lote. Por supuesto que nadie vino a decirnos nada. Allí reinaba un clima diferente había tranquilidad climática.

Ese enero fue muy caluroso. Tanto que mi tía abuela se tostó sin estar al sol, solo el aire que soplaba te quemaba la piel. Tanto calor hacía que un día, estando en la playa, la nafta del Chivo empezó a brotar del tanque, que estaba lleno. Mi viejo tuvo que aflojar la tapa del tanque porque la nafta parecía burbujear. Un calor de aquellos. Tanto que almorzábamos jamón crudo, ¡qué época!, y yogur de postre, para combatir el calor. Todo regado con agua bien fría.

En uno de los panzazos que dio el Chivo en las calles de Mar de Ajó pinchó el tanque de nafta. Nosotros conocíamos de otros viajes al Alemán un chapista muy conocido de Mar de Ajó. Fuimos a preguntarle quién podría arreglarnos el tanque de nafta. “Yo se los arreglo. Pero ustedes tienen que vaciarlo”. Arreglamos con el un día a la tarde, ni bien abría su taller. Fuimos mi viejo y yo para vaciar el tanque y sacarlo. Que era lo que más tiempo lleva del trabajo de reparación.

Cuando íbamos para el taller del Alemán el Chivo se encaja en una calle de arena suelta. Me bajé y empecé a empujar sólo, mientras mi viejo aceleraba el auto, que tiraba arena para atrás que daba gusto. Yo empujaba del medio de la cola y ahí vi como el caño de escape se ponía blanco.

Sí, se emblanqueció del esfuerzo que hacía el Chivo. La verdad que el auto andaba espectacular. Una aclaración para los más jóvenes, la buena combustión de un naftero se manifestaba por un caño de escape de color gris a blanco en los residuos de la combustión. Por aquellos años la nafta tenía plomo y este era el responsable de ese color.

El tanque lo pudimos arreglar y volver a poner. No tuvimos más problemas. El auto se portó fantástico. El tiempo estaba un poco loco, pero igual disfrutamos de unas lindas vacaciones. Salvo la pieza del tejo que me robo un tucu-tucu del piso del ante comedor de la carpa. Cuando armamos las carpas en la última ubicación tuvimos la suerte de hacerlo sobre la madriguera de unos tucu-tucu. Hasta tuve la oportunidad de poder capturar uno y verlo de cerca. Es una gran rata con una cola enorme. Como corresponde lo devolví a su hábitat para que siguiera con su vida, aunque no le perdoné que me llevara el tejín que no recuperé, ni aún cuando desarmamos el campamento.

La carpa que estaban mis viejos recibió algunos rasguños de los tucu-tucu, en el piso. Además al caer la tarde se oían en la arena el inefable sonido por el cual se los llama: tucu-tucu. Cosas de hacer vida de campamento que se pierden en un hotel de tres o cuatro estrellas. Por supuesto que no hay servicio al cuarto, pero cuando se van los turistas de la playa, esa inmensidad es para vos solo, hasta el otro día a media mañana. El amanecer en el mar es una vista altamente recomendable, no por haber trasnochado, sino por levantarse antes que salga el sol.

Es vivir las vacaciones al ritmo de la naturaleza, se los recomiendo, se vuelve totalmente renovado y con muchas energías para enfrentar el año que empieza.

Mauricio Uldane

Thứ Sáu, 3 tháng 2, 2012

Chevrolet Super 1965


General Motors Argentina presentó en 1965 su nuevo modelo Super que tenía diferencias con el modelo anterior. Una nueva parrilladelantera que incorporaba los faros y nuevo juego de faros traseros eran las novedades a simple vista. El interior tenía nuevos tapizados y más información en el tablero, que venía con una bagueta cromada. También tenía bagueta en el parte superior del guardabarros trasero. Más datos del Chevrolet Super:



Marca: Chevrolet  Modelo: Super  Año: 1965
Motor: naftero  Ubicación: delantero  Marca: Chevrolet
Cilindros: 6 en línea  Cilindrada: 3.769 cm3  Diámetro: 98,43 mm.  Carrera: 82,55 mm.
Potencia: 125 HP SAE  RPM: 4.400  Compresión: 7:1
Tracción: trasera  Caja de velocidades: 3 marchas adelante y retroceso
Suspensión delantera: independiente con resortes helicoidales y amortiguadores hidráulicos
Suspensión trasera: eje rígido con hoja elástica semielíptica y amortiguadores hidráulicos
Frenos delanteros: a tambor  Frenos traseros: a tambor
Neumáticos: 6.50 x 14
Dimensiones: Largo:4.637 mm.  Ancho: 1.790 mm.  Alto: 1.459 mm.
Distancia entre ejes: 2.794 mm.  Trocha delantera: 1.430 mm.
Trocha trasera: 1.417 mm.  Plazas: 6  Peso: 1.344 kg

Autor: Mauricio Uldane
Escaneo: Julián Pérez
Fuente: Revistas Automundo/Parabrisas

Thứ Hai, 16 tháng 1, 2012

El Chevrolet Super de 1965

General Motors Argentina presenta a principios de año 1965 su modelo Chevrolet Superque traía cambios en su trompa y cola.

Perfil de la trompa del Chevrolet Super 1965.
Foto de la revista Automundo número 2 del 8 de abril de 1965


Para empezar los faroshabían sido incorporados a la nueva parrilla que tenía sus molduras horizontales. También habían cambiado los faros de posición, ubicados en el paragolpes delantero. Ahora eran de color ámbar como en los Estados Unidos.

La cola mostraba una nueva bagueta cromada a todo lo ancho que contenía dos faros rojos, luces de posición y stop y dos faros blancos de la luz de retroceso. La parte superior del guardabarros trasero estaba coronadocon una bagueta que arrancaba en la puerta trasera y finalizaba en la cola del Chevrolet Super.

Perfil del Chevrolet Super 1965. Foto de la revista 
Automundo número 2 del 8 de abril de 1965

Los asientos enterizoseran de nuevo diseño completamente diferentes a los años anteriores. El tablerotraía una bagueta cromada en su parte inferior y contaba con medidores de aguja en reemplazo de las luces de idiota. Salvo estos cambios el tablero era igual a los modelos de años anteriores.

Vista del la nueva parrilla del Chevrolet Super 1965.
Foto de la revista Automundo número 2 del 8 de abril de 1965

Por otra parte la superficie superior del tablero venía con un acolchado que evitaba los reflejos innecesarios sobre el parabrisas del auto. Además de cumplir con el resguardo de golpes por parte de los pasajeros del Chevrolet Super. Lejos estaban estos autos compactos de la industria estadounidense en traer bolsas de aire (air bag) o cinturones de seguridad inerciales. Eso era ciencia ficción para fines de los años ’60.

Vista de la cola con los nuevos faros rojos y blancos.
Foto de la revista Automundo número 2 del 8 de abril de 1965

Según la revista Automundo número 2 del 8 de abril de 1965 este modelo de Chevrolet Super era iguala su par estadounidense y incluso General Motor Argentina ofrecía más detalles que su hermano del país del norte. Habrá que creerles a los periodistas de la revista Automundo.

Interior del Super 1965 con el nuevo asiento delantero.
Foto de la revista Automundo número 2 del 8 de abril de 1965

El motor del Super era de 3.769 centímetros cúbicos con 6 cilindros en línea y una potencia estimada de 125 HP a 4.400 revoluciones por minuto. La relación de compresión era de 7:1, lo que todavía permitía circular con nafta común sin pistonear. Este motor traía 7 cojinetes de bancada en su cigüeñal y válvulas a la cabeza.

Detalle de la suspensión delantera independiente.
Foto de la revista Automundo número 2 del 8 de abril de 1965

Como todo auto compacto yanqui la caja de velocidades era de 3 marchas hacia delante y una marcha atrás. Por supuesto que la palanca de cambios estaba ubicada en la columna de dirección. El embrague era monodisco seco de diafragma, con un diámetro de 235 milímetros.
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La suspensión delantera era independiente con resortes helicoidales de acción progresiva, más amortiguadores hidráulicos. En cambio la suspensión trasera era por eje rígido, otro clásico en este tipo de autos. La novedad con respecto al Ford Falcon era que utilizaba una sola hoja de elástico de acero especial llamada Uniflex. En un principio cuando este modelo ingresó al país en 1962 se desconfiaba de este tipo de elástico. Luego de los tests de varias revistas especializadas, se demostró, que era mejor que el utilizado por Ford. Mejoraba notablemente la tenida en ruta y evitaba los “coleos” del auto en las curvas a gran velocidad. El Chevitú puede demostrar lo que digo con sus carreras ganadas.

Vista de la suspensión trasera con la hoja Uniflex.
Foto de la revista Automundo número 2 del 8 de abril de 1965

Los frenos eran de tambor en las cuatro ruedascon una superficie total de frenado de 851 centímetroscuadrados. Las ruedas eran 14 x 51 y calzaba neumáticos 6,50 x 14 de cuatro telas. El sistema eléctrico era de 12 volts con dínamo y una batería Delco, que fabricaba General Motors Argentina, de 62 Amperes por hora.

El largo del Super era de 4.637 milímetros, el anchode 1.790 milímetros, la distancia entre ejes de 2.794 milímetros, la trocha delantera de 1.430 milímetrosy la trasera de 1.417 milímetros. La alturadel auto cargado era de 1.459 milímetros y el pesoen el orden de marcha de 1.344 kilogramos.

Revista Automundo número 2 del 8 de abril de 1965

Un auto que vino a competir con el Ford Falcon y no hizo mal papel. Sin la dureza del Falcon, pero con un andar sereno en ruta y un consumo un poco más bajo, se ganó el corazón de muchos argentinos. Además su baúl tenía mayor capacidad que su rival. También fueron rivales en la lucha Ford-Chevrolet en las rutas argentinas, tanto como autos estándar en los Grandes Premios o equipando a las gloriosas cupecitas del TC (Turismo Carretera) que tantos halagos recibieron del público fierrero argentino.

Este fue otro de los grandes autos que hicieron historia en aquellos años ’60 donde la expansión de la industria argentina hizo sentir su presencia, tanto por cantidad como por calidad. Eran autos que no se rompían con facilidad y durables en el tiempo, algo que no suele ser frecuente en nuestros días del siglo 21.

Mauricio Uldane

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