Hiển thị các bài đăng có nhãn Merceces-Benz 1114. Hiển thị tất cả bài đăng
Hiển thị các bài đăng có nhãn Merceces-Benz 1114. Hiển thị tất cả bài đăng

Thứ Bảy, 27 tháng 10, 2012

Un colectivo en la playa (segunda parte)


La segunda parte de las vacaciones en un Mercedes-Benz 1114 modelo 1971. En un enero de 1987 pasamos unos quince días en la playa de Mar de Ajó. Ahora las vivencias que nos sucedieron en esos días de verano.

El 1114 barrido por el Mar Argentino.


Una vez que llegamos a Mar de Ajó buscamos un buen lugar para acampar en la playa. Nos ubicamos unos 8 o 9 kilómetros al sur del pueblo, camino al faro de Punta Médanos. Encontrado el lugar comenzamos a armar el campamento. El colectivo quedó de trompa a los médanos y las carpas las armamos un poco más adentro.

El conjunto estaba integrado por dos carpas para cinco personas y un ante comedor ubicado delante de una de las carpas. Frente a la trompa del colectivo armamos un sobre techo viejo de carpa, que hacía las veces de alero. Además armamos un baño portátil y la soga para la ropa. Por supuesto que también llevamos la bomba sapo para sacar agua dulce.

Como el Renault 4 Lhabía quedado en Moreno, cada dos días movíamos el 1114 para internarnos en el pueblo para hacer las compras necesarias. Siempre quedaba alguien en el campamento.

La experiencia de años de acampar nos había dado un entrenamiento especial para afrontar tormentas. Por eso una noche ante las posibles lluvias resolvimos dormir todos juntos en el colectivo. De lo contrario mis padrinos dormían en una carpa y en la otra lo hacíamos mis viejos, mi futuro cuñado y yo. Mientras que mi hermana, la hija de mis padrinos y mi tía abuela lo hacían en el colectivo. Así estábamos hasta que la lluvia se desencadenó junto al viento.

Mi padrino con una especial sensibilidad por las tormentas nos empezó a decir que saliéramos al pueblo abandonando el campamento. Tanto insistió que mi viejo puso en marcha el 1114 y partimos hacia Mar de Ajó, a eso de las 2 o 3 de la madrugada. Mientras tanto yo trataba de dormir en el piso del colectivo.

Una vez dentro del pueblo, mi padrino, creyó estar a salvo de la lluvia y el viento. Pero este último sacudió todo el resto de la noche el colectivo. Creo que fue peor el remedio que la enfermedad. Pero las aventuras todavía no habían terminado en ese verano de 1987.

Al amanecer retornamos a nuestro campamento, a donde habían quedado las carpas y todo lo demás. No había vecinos molestos y era muy temprano para que aparecieran los turistas que hacen playa durante el día. Mientras tanto en esas primeras horas diurnas la playa es solo para uno.

Cuando volvimos al campamento todo estaba en su sitio como la noche anterior. La lluvia no había sido tan fuerte como el viento. La costa bonaerense sufre fuertes  tormentas de vientos y lluvias. Hemos soportado, en otros años, vientos de cerca de 100 kilómetros por hora y aquí estoy para contarlo, pero vivirlo es otra cosa.

Pasaron dos o tres días cuando el mar comenzó a crecer por una fuerte sudestada. Como era de esperar el agua llegó hasta los médanos y el colectivo quedó barrido por el agua del mar. Dos días grises y con agua hasta los médanos, luego de la lluvia y el viento. Son casi una combinación perfecta como salame y queso.

Una vez que el agua bajó mi viejo quiso sacar el 1114 de su sitio. No hubo caso no se movía. Ya estábamos pensando en ir a buscar ayuda, porque había más gente acampada hacia la salida al pueblo. Cuando aparece un Mercedes-Benz 1214 de color rojo, que estaba acampado junto a la entrada al mar. Venía sacando a los encajados por los dos días de sudestada, acampados junto al mar como nosotros.

Así fue como en un santiamén nos sacó del atolladero y el 1114 recuperó su libertad de la trampa de arena y agua. Nada grave dadas las circunstancias vividas. Hemos pasados por varias sudestadas en el mar a lo largo de años de acampar en la playa.

El resto de las vacaciones lo pasamos bárbaro disfrutando del mar y la playa. Aquellos que han veraneado junto al mar saben de qué hablo. No es lo mismo acampar en un sitio rodeado de personas que en una playa solitaria donde el vecino más cercano puede estar a cinco cuadras.

El contacto con la naturaleza es impresionante al cabo de dos o tres días uno entra en sintonía con el lugar. Comienza a reconocer aromas, animales y plantas. Empieza, de alguna manera, a descubrir como funciona ese hábitat sin ser integrante de ese sistema.

Todo este cúmulo de sensaciones solo por pasar unas vacaciones en un viejo colectivo Mercedes-Benz 1114. Una experiencia recomendable para aquellos que quieran vivir algo diferente en sus días de descanso.

Mauricio Uldane

Thứ Ba, 23 tháng 10, 2012

Un colectivo en la playa


El año 1987 fue cuando nos fuimos de vacaciones a bordo de un viejo colectivo Mercedes-Benz 1114 modelo 1971. Nuestro destino eran las playas de Mar de Ajó. El siguiente relato narra esas vacaciones en un enero de 1987 junto al mar.

El 1114 junto al campamento en Mar de Ajó en enero de 1987.


Mi padre compró en 1986 un viejo colectivo Mercedes-Benz 1114 que había prestado servicio en la provincia de Santa Fe. La idea era armar una casa rodante autopropulsada o más conocida como motor home, por esas cosas del idioma y la colonización.

En línea general el bondi estaba en buenas condiciones. Mi viejo le hizo algunos arreglos menores, nada serio. De mecánica estaba muy bueno y andaba muy bien. Una cosa que le hizo mi viejo fue ponerle el caño de escape que pasara, atrás, por encima de la carrocería. En un viaje a la provincia de Tucumán lo vio en los colectivos y le gustó la idea.

Armamos las vacaciones de enero de 1987 con el Mercedes, que sería parte de nuestra vivienda en los quince días que acamparíamos en la playa de Mar de Ajó. Sería una parte importante de nuestras instalaciones durante nuestras vacaciones veraniegas.

Antes de partir en viaje hacia la Costa Atlántica, mi viejo, le hizo los frenos al colectivo. Pero algo salió mal. En la casa de repuestos le vendieron una medida equivocada de cintas de frenos y no eran de la medida adecuada. Resulta que el 1114 modelo 1971 tenía frenos de aire comprimido y le habían vendido las cintas del modelo sin frenos a aire.

Por lo cual las cintas de freno eran de diferente medida. El resultado fue que me perdí tres días de vacaciones por el retraso en el armado de las campanas. Además el viaje a Mar de Ajó fue con paradas intermedias enfriando las campanas traseras del 1114. Por aquel año la Ruta 2 no era autovía y para viajar tomábamos la Ruta 36 hasta la Ruta 11. Pipinas era una parada obligada, como su nombre lo indica.

Mi padre pensando que mover el colectivo, una vez acampado, no era una buena idea, compró un viejo Renault 4 L para usar en los mandados en el pueblo. Así que le hizo un enganche para llevarlo a remolque hasta la playa. Al salir rumbo a Moreno, donde se nos sumarían mis padrinos con su hija, el enganche del Renault se rompió. Así que el 4 L se quedó durmiendo en Moreno.

De San Miguel partimos mi madre, mi tía abuela, mi padre, mi hermana, mi futuro cuñado, mi abuela que se quedó en Moreno y yo. En Moreno, como dije antes, se nos agregaron mi madrina, mi padrino y la hija de ambos. Así quedó conformada la tripulación del 1114 rumbo a Mar de Ajó. En el interior del colectivo iban todos los bártulos, bolsas con ropa, comida y hasta una cocina en el hueco de la puerta trasera. Lo que se dice un loft rodante.

Dos carpas, un ante comedor, un baño y un sobre techo conformaban el resto de los integrantes del campamento que armaríamos, entre todos, ni bien pisáramos la arena de Mar de Ajó. Hasta llevamos una soga para colgar la ropa. Sucede que no era el primer campamento que armábamos en las playas de Mar de Ajó.

Mi papá pensando que iba a necesitar un reemplazo en la ruta me hizo sacar el registro profesional en la ciudad de Buenos Aires, donde vivíamos por aquellos años. Así que estaba en condiciones de manejar el Mercedes en la ruta. Y pasó en la Ruta 36. Mi viejo cansado me cedió el volante en medio de la ruta. Nunca había manejado un colectivo o camión. Mi primera experiencia.

Al manejarlo comprendí el poder que se tiene al mando de un vehículo de esas dimensiones. También de la responsabilidad de conducirse correctamente. Todo iba bien hasta que empezó a aparecer la banquina, de ambos lados, totalmente removidas. Para sumarle un toque de aventura en la semana había llovido, y mucho. Así que pisar la banquina era sinónimo de irse a la zanja con total garantía.

Así que imaginen un novato al frente de una bestia de chapa y acero con banquinas barrosas y una ruta que no estaba en un estado óptimo. A una velocidad de 80 kilómetros por hora, que hubo que disminuir a 60 kilómetros por hora en algunos tramos. Manejé hasta la estación de servicio de Pipinas. Entrar a la estación de servicio y no llevarme puesto ningún surtidor fue toda una hazaña para mí.

El resto del viaje fue sin novedades, con cambio de chofer, mi padre volvió al tomar el mando. Mientras me reponía de la emoción de manejar por primera vez un colectivo en mi vida. El relato sigue y hay más aventuras para narrar, pero para no prolongar el relato y de paso crear un poco de suspenso, les contaré el resto de las vacaciones en colectivo en una próxima entrega.

Falta contar detalles jugosos de ese enero de 1987 junto a mi familia, padrinos y futuro cuñado. Sepan esperar unos días más para leer la conclusión de este relato.

Mauricio Uldane

Bài đăng phổ biến