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Thứ Bảy, 14 tháng 9, 2013

La explosión de la Shell

Una explosión en una estación de servicio y la conmoción en el barrio. De lo que produjo y las consecuencias que trajo aparejadas. Relatos de terceros que sufrieron un accidente en la década del ’70.

En el círculo azul la Shell de Austria y Avenida Las Heras.


Más o menos para esta época en 1975 explotó la estación de servicio Shell ubicada en la esquina de Austria y Avenida Las Heras en el barrio porteño de Recoleta. Sucedió a media mañana y produjo una gran conmoción en todo el vecindario. Sobretodo teniendo en cuenta que a una cuadra había otra estación de servicio. La Esso que estaba debajo de mi casa en la esquina de Avenida Las Heras y Galileo.

Como todas las mañanas del ciclo lectivo escolar emprendí la marcha para el Colegio Domingo Faustino Sarmiento ubicado en la calle Libertad al 1200, donde cursé mi secundario. De allí egresé como bachiller para ahora escribirles estos relatos automovilísticos.

El viaje de ida lo hacia en colectivo, en la línea 59, y me bajaba en Avenida Santa Fe y Libertad. Caminaba una cuadra y media para encontrarme con el colegio secundario. Al regresar, para ahorrarme unos pesos, y de paso hacer un poco de ejercicio, caminaba hasta mi casa ubicada en la esquina de Copérnico y Galileo.

Como regresaba caminando no llegaba hasta la esquina de Avenida Las Heras y Galileo. Lo hacía por Copérnico que nace en la calle Gelly y Obes. Así que al cruzar la Avenida Pueyrredónenfilaba hacia Copérnico que solo tiene una cuadra y termina en escalera al llegar a Galileo. Por lo cual es una calle sin salida para los autos.

Viniendo por ese camino se deja de lado la Avenida Las Heras y entramos en un mundo paralelo donde se pueden oír los pájaros. Uno muy especial estaba en uno de los balcones de la calle Copérnico: un tucán. Solía cantar muy fuerte cuando lo dejaban al sol. Una calle exótica para el barrio de Recoleta con balcones convertidos en selvas en miniatura con una exuberante vegetación.

Así llegué hasta mi casa en un séptimo piso. Sin saber nada de lo ocurrido a media mañana en ese día de septiembre o octubre de 1975, aunque mi memoria puede fallar. “¿No re enteraste qué pasó?”, me dijo mi madre ni bien atravesé la puerta del palier. “No. ¿Qué pasó?”, fue mi asombrada respuesta. “Mirá por la ventana”, me respondieron.

Ante mi asombro vi como la estación Shell de la cuadra siguiente estaba teñida de negro en el frente sobre la Avenida LasHeras. La violenta explosión había dejado su rastro siniestro sobre los tres pisos superiores que conformaban un estacionamiento de automóviles encima de la Shell.

Según los testimonios de los vecinos del edificio lindero, sobre la calle Austria, el olor a gas era muy fuerte en el último tiempo. Las quejas del consorcio hacia la Shell se habían manifestado por la fuga de gas. Parece ser que se lo achacaban a los gases de nafta cuando se renueva el combustible en los tanques cisternas.

Pero no era eso lo que provocó la explosión, sino una fuga de gas natural. Si hubieran sido los tanques de combustibles la manzana hubiera desaparecido. Lo cierto es que la explosión se produjo cuando uno de los propietarios de la Shell encendió la luz en uno de los sótanos de la estación de servicio. Creo que dos personas más murieron en la explosión.

Los autos que estaban estacionados en las diferentes plantas de la Shell quedaron adentro por mucho tiempo. Creo que años. Si no recuerdo mal también había pisos subterráneos para estacionar autos. La rampa de acceso desapareció con la explosión.

Recuerdo el relato de un periodista del diario Clarín que todos los días cargaba combustible en esa Shell. Seguramente venía por la calle Austria, que tiene sentido de circulación hacia la Avenida del Libertados. Entraba a la Shell y cargaba nafta en su Fiat 1600. Luego salía a la Avenida LasHeras rumbo al microcentro porteño.

El tipo hizo su rutina. Cuando estaba detenido por el semáforo de Avenida Las Heras y Agüero sintió que la cola del auto se levantaba. Miró por el espejo retrovisor, pensando que un colectivo, de las tantas líneas que circulaban por allí, lo había chocado de atrás. Lo que ve por el espejo es la deflagración producto de la explosión. Se salvó por segundos de morir en la Shell.

La onda expansiva se propagó por la calle Austria hacia la Avenida del Libertador. Hoy se ubica la Biblioteca Nacionalen esa calle, pero por entonces había unas dependencias del Ministerio de Educación, sobre la Avenida LasHeras y hacia la mitad de cuadra una plaza que llegaba hasta la Avenida del Libertador.

En ese predio estuvo la vieja quinta presidencial donde falleció Eva Duarte y que fue demolida luego del golpe de estado de septiembre de 1955. Cosa curiosa: 20 años más tarde una explosión se produciría en el mismo barrio.

Fue tal la intensidad de la onda expansiva que rompió las ventanas de los edificios hasta dos cuadras, llegando a la Avenida del Libertador. Recuerdo que la cuñada del portero del edificio donde vivía sufrió en carne propia la onda expansiva. La sorprendió en la calle Austria y la tiró al piso. La pobre mujer quedó muy afectada por el suceso.

Mucho tiempo se habló en el barrio de la inmediata cercanía de dos estaciones de servicio, la Shellexplotada y la Essode abajo de casa. Se plantearon dudas acerca de la convivencia tan cerca una de otra. La Shellque explotó nunca más abrió sus puertas.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos


Thứ Ba, 23 tháng 4, 2013

La Esso de abajo


Un relato que nos narra las vivencias al lado de una estación de servicio Esso en el barrio de Recoleta en la ciudad de Buenos Aires. Anécdotas ocurridas a lo largo de 28 años de convivencia vecinal en una esquina porteña.

Foto de la Esso de Avenida Las Heras y Galileo tomada desde la ventana del 7º piso, donde vivi 28 años.


Me crié arriba y al lado de una estación de servicio Esso en la esquina de Avenida Las Heras y Galileo en pleno barrio de Recoleta en la ciudad de Buenos Aires. Fueron 28 años de mi vida arriba de una Esso. Esto sucede porque el edificio donde vivía en la esquina de Galileo y Copérnico lindaba con la Esso. El edificio hace una “U” y rodeaba la estación de servicio.

Varió mucho el edificio a lo largo de los años. Desde no tener techo y ver desde el séptimo piso, donde vivía, entrar y salir los autos hasta que la techaron a mediados de los años ’70. Allí vi por primera vez en su techo de losa poner algo que hoy es habitual y por aquellos años era de tecnología alemana de avanzada: la membrana de aluminio y brea. Así vi como la colocaron y tuve el gusto de conocer un recubrimiento para techo totalmente nuevo.

Pero también tuvimos el disgusto de comprobar cómo esa nueva membrana de aluminio irradiaba el sol en el verano. Tanto que era casi imposible asomarse a las ventanas, amén de soportar el calor producido por esos rayos solares irradiados hacia nuestro edificio. Comprobé que la membrana de aluminio aplicada al techo de la Essocumplía realmente su función.

Desde chico supe cuando había llegado el camión cisterna para reponer la nafta en los tanques subterráneos de la Esso. Elolor al gas de la nafta invadía todo el edificio donde vivía. Sin asomarte a la ventana ya sabías que el camión con acoplado, en aquellos años no se usaban como ahora los semirremolques, había comenzado a vaciar su tanque.

Me he pasado horas mirando el movimiento de la Esso, en especial en el invierno y con la ventana cerrada. Contabilizar autos de las diferentes marcas era el pasatiempo de un chico de departamento. Muchos años, la Esso, tuvo un surtidor de gasoil en la vereda, sobre la Avenida Las Heras. Durante muchos años en la ciudad de Buenos Aires había surtidores de gasoil y nafta sobre las veredas en distintas partes. Cerca de mi casa había otro en la Plaza Mitre ubicada en la Avenida Pueyrredóny Avenida Las Heras.

Cada tanto tenía suerte y un colectivo paraba, con sus pasajeros abordo, a cargar gasoil, durante su recorrido habitual. Más de 10 líneas de colectivos pasan por la Avenida LasHeras, así que alguno paraba a reabastecerse. Por entonces las terminales del auto transporte no tenían surtidores en todas sus cabeceras.

El silencio de la noche nos traía los sonidos desde la Esso de abajo. La estación de servicio tenía gomería así que en la noche los ruidos subían hasta nuestros oídos. En especial en el verano cuando la ventana del dormitorio estaba abierta, para mitigar el calor. Los diálogos se asomaban al marco de la ventana para irrumpir nuestro sueño nocturno. Más de una vez mi padre les reproduzco el diálogo nocturno, al otro día, cuando veía a los empleados de la Esso.

Esos empleados, playeros algunos, tenían ciertos comportamientos no muy santos. Cerca de la Essoestaba el concesionario Laprida de la marca Fiat. Los autos 0 kilómetro solían venir a cargar combustible una vez que abandonaban la agencia. Así era como a muchos Fiat 600 les robaron sus ruedas de auxilio. Como los conductores no se bajaban del auto y pedían que les llenaran el tanque, que estaba en el baúl, el playero, aprovechaba y mientras les cargaba nafta les robaban la rueda de auxilio. La dejaban tirada debajo del auto en el piso de la estación de servicio.

La Esso tenía dos socios que se robaban mutuamente y el ejemplo cunde. Así que los empleados les robaban a los clientes. Lo hacían en el engrase de los autos al no cambiarles los filtros o no engrasar los alemites. También robaba nafta con un bidón, ya que los conductores no se bajaban del auto. Hasta que a uno le cargaron tan poca nafta que el tipo hizo dos o tres cuadras y se quedó sin nafta.

Esa Esso fue, en algún momento, la estación de servicio que más dinero le dejaba a la empresa estadounidense en todo el país. Eso era por su ubicación y porque muchos clientes eran ricos y famosos. Tan famosos como un joven Alberto Olmedo o una jovencísima Susana Gímenez, que tenía un humilde Fiat 600. Los muchachos de la Esso le pedían que se acercara a la fosa, mientras le atendían la Bolita, para verla desde abajo con sus cortas minifaldas.

La techaron a mediados de los ’70. Allí perdí un mirador envidiable. Ya no podía observar el movimiento de los autos al entrar o salir. Pero ya tenía otras inquietudes que suplieron las horas de ver qué pasaba en la Esso de abajo.

Hubo una época, durante el tercer gobierno de Juan Domingo Perón, que la Esso pasó a ser YPF cuando nacionalizaron todas las bocas de expendio de combustible. Era raro ver allá abajo el cartel de la petrolera estatal en cambio del consabido óvalo blanco con círculo azul y letras rojas. Cosas de la política y los cambios de rumbos de la economía de un país.

Cuando se produjo el terremoto de Caucete en la provincia de San Juan, este afectó notoriamente a la ciudad de Buenos Aires. Tanto fue así que el portero del edificio, Arturo, estaba barriendo la vereda vio como se movía el camión cisterna con acoplado, que justo estaba descargando combustible. Arturo pensaba que era él que se sentía mal, porque estaba un poco descompuesto, pero el fuerte terremoto mecía para adelante y para atrás al camión con su acoplado.

Algunos recuerdos de vivir 28 años arriba de una Esso. La nafta fue parte de mi vida. Tal vez como combustible para ahora contarles cosas sobre los viejos autos que supimos conseguir.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos

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