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Thứ Năm, 13 tháng 3, 2014

El tren delantero de DOT-DAL

Una empresa autopartista de Argentina fabricaba un tren delantero con suspensión independiente para ser aplicado al Rastrojero de IME (Industrias Mecánicas del Estado), el Jeep y la Estanciera, ambos, de IKA (Industrias Kaiser Argentina). Esa empresa argentina era DOT-DALy se distribuía por medio de Autolandia SRL.

Publicidad publicada en la revista Parabrisas número 44 de julio de 1964.


La industria de autopartes en Argentina tuvo un gran desarrollo en los años de la explosión de la industria automotriz, en la década del ’60 y del ’70. Se fabricaron accesorios y reformas para muchos automóviles de fabricación local. Además de repuestosy recambios que no eran los originales de las terminales. Muchos de una alta calidad final en el producto.

Hoy vemos una publicidadaparecida en la sección de novedadesque publicaba la revista Parabrisasy corría por cuenta de la agencia Eddie publicitaria, ubicada en la calle Viamonte 353 de la ciudad de Buenos Aires. Dicho aviso agrupado salió en el número 44, de la mencionada revista, que correspondía al mes de julio de 1964.

El tren delantero con suspensión independiente lo fabricaba la empresa DOT-DALy la encargada de la comercialización era la empresa Autolandia SRL que tenía su sede comercial en la Avenida Maipú 2170 al 2174 de la localidad de Olivos en la provincia de Buenos Aires.

No conozco que grado de efectividad tenía este tren delantero, que se podía montar en el Rastrojero, el Jeep o la Estanciera. Pero tengo el vago recuerdo de haber escuchado que alguien había comprado una Estanciera con esta reforma o una similar. Y aparentemente funcionaba bien.

Tal vez algunos de los tantos seguidores de Archivo de autos tenga un mejor conocimiento si esta suspensión independiente funcionaba correctamente como reforma, para aplicar, a los vehículos antes mencionados.

Me encontré con el aviso y me pareció interesante para compartir con todos ustedes en esta sección, de cada viernes, de una vieja publicidad de los autos que supimos conseguir.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos



Archivo de autos es armado en un ciber por falta de recursos económicos, no por una política editorial.

Thứ Bảy, 7 tháng 12, 2013

Derqui, la noche y el barro

Una noche en un pequeño tambo. La lluvia y el barro como escena y un camino casi intransitable. La cena en el campo bonaerense y la vuelta a casa en una vieja Estanciera.

Mi abuelo Juan cerca de la estación General Pacheco el 29 de mayo de 1932.


Mi abuelo materno, Juan, trabajó toda su vida en el campo. Lo recuerdo a caballo  siempre le gustaron los indómitos. Mi madre, Rosa, cuenta que desde chica vio como a su padre el caballo lo tiraba, pero mi abuelo Juan volvía con esos caballos de mal carácter.

Un gran bebedor mi abuelo Juan. Solía ir a tomar unos tragos a un boliche cercano a la estación Derqui y allí jugaba a las cartas. Por supuesto que siempre terminaba en pedo. El caballo de turno lo devolvía a la querencia. A veces con él a la rastra, porque se tumbaba de lo borracho que volvía.

Una noche se quedó en la tranquera del campo, un pequeño tambo donde trabajaba. Hasta que la patrona lo vio, en la madrugada, dormido arriba del caballo y a la espera de poder pasar dentro del campo.

Una vida rústica y rural tuvo mi abuelo Juan. Con el tiempo se volvió un poco menos chúcaro y nos recibía de visita en ese pequeño tambo de Derqui. Nosotros solo íbamos a saludarlo y pasar un rato con él. Ya le quedaban algunos años de vida y mi madre no quería perderlo.

El tambo proveía de leche al famoso tren lechero que circulaba por las vías del ferrocarril Urquiza. Una vez ordeñadas las vacas, la leche, se ponía en los viejos tarros de chapa galvanizada. Se subían al carro y a la estación Toro, que está muy cerca de la estación Derqui.

Ese fue el trabajo de mi abuelo Juan por muchos años en ese pequeño tambo de Derqui. Allí junto al matrimonio que formaban los patrones ayudaba en las tareas rurales. Además sembraban papas. Recuerdo un viaje, un sábado a la tarde, en la rastra en la cosecha de papas.

Otro recuerdo era un enorme ombú, a un lado de la casa y junto al tambo, donde solía jugar cuando íbamos de visita a lo de mi abuelo. Mi infancia, en parte, pasó por ahí. Muchos viajes a Derqui por caminos de tierra.

Como aquella noche de sábado que fuimos a cenar a la casa de mi abuelo. Porque ya vivía solo en el tambo. La patrona, viuda, se había ido a vivir a una casa en Pilar. Él se había quedado en el campo arrendado. Pero no sería por mucho tiempo. También él terminaría sus días en esa casa de Pilar. Muy cerca del tanque de agua.

Volviendo a esa noche de otoño gris y algo lluviosa que nos fuimos a cenar, con mi familia, a Derqui. Por aquel entonces mi padre, Lorenzo, tenía una vieja Estanciera. Lo que no logro recordar era que modelo era. Tuvo al menos dos o tres modelos diferentes.

Llegamos, los saludos de siempre, y los reproches de mi abuelo Juan porque hacía tantos días o meses que no lo visitábamos. Creo que heredé de él y de su madre, mi bisabuela Honoria, la memoria. De elefante diría. Nada se le escapaba, pese a la cantidad de alcohol que solía consumir.

Mi madre llevó unas empanadas que cocinó en la cocina económica que funcionaba a leña como corresponde. Cocina de campo con piso de ladrillos asentados en barro. Patio común a todas las habitaciones y una galería que unía todas las dependencias de la vivienda.

Llovía mientras cenábamos. “Está lloviendo” dijo mi abuelo. “¿Se van a poder ir?”, agregó. “Sí”, le respondió mi padre. Luego de terminada la cena partimos rumbo a la casa de mi abuela Adelina en San Miguel.

Salimos al camino vecinal de tierra y ahí empezó el drama. Al estar liviana, sin carga, la Estancieraparecía estar sobre una superficie cubierta por jabón. Iba de un lado a otro del camino hasta la zanja.

Allá tuvimos que bajar mi madre y yo a empujar. Sola se movía la Estanciera. Eraempujar de lado para que la cola se acomodara en el medio del abovedado camino de tierra y así evitar la caída en la zanja llena de agua. Meta empujar. Meta salpicar barro la Estanciera.

Por suerte era de noche y tarde. Así nadie nos vio embarrados hasta los dientes. Lo peor le pasó a mi madre. En el afán de empujar la Estanciera perdió el taco de su zapato. No hubo forma de encontrarlo en esa cenagosa calle de Derqui.

Así quedó destacada y embarrada. Pero salimos solos del atolladero para que hoy les pueda contar esta historia de domingo. Una forma de recordar a mi abuelo Juan y aquel tambo en Derqui de mi niñez.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos



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Thứ Năm, 25 tháng 7, 2013

La Estanciera azul y blanca

Tendría unos 14 o 15 años de edad cuando mi padre compró una vieja Estanciera azul y blanca modelo 1957. Se la compró a su primer y único dueño. Hoy sería una pieza de colección. Pintura de fábrica y bastante cuidada pese a los años que tenía encima, unos 20 años de uso.

Estanciera de 1957. Foto gentileza de Coche Argentino: http://www.cocheargentino.com.ar/


El antiguo dueño lloró cuando se la vendió a mi padre. Una cosa que me llamó la atención, cuando la trajo a casa, fueron las manijas de las puertas. “Se las cambiaron” atiné a decir. A lo que mi padre me respondió: “son las originales de fábrica”. Son aquellas que abren a gatillo y no por botón. Así de original estaba esa Estanciera 1957 de color azul y blanco.

Fue la primera versión de Estanciera que hubo en Argentina. La que tiene el techo con canaletas y no liso como los modelos posteriores. Además de gran despeje y altura final. Tanto era así que cuando circulábamos por la Avenida Lugones, en la ciudad de Buenos Aires, detrás del Aeroparque Jorge Newbery, los vientos laterales la movían.

Los pedales de freno y embrague nunca habían sido tocados y tenían mucho juego. Cuando, mi viejo, los fue a cambiar se dio cuenta que tenían los remaches de fábrica. Otra particularidad de esa Estanciera era que no tenía la palanca de cambios al volante, sino en el piso. Al igual que su hermano el Jeep tenía los cambios muy cortos, uno al lado del otro.

Para nosotros cinco, mi madre, mi padre, mi tía abuela, mi hermanita y yo, era enorme. Además con gran capacidad de carga en la parte trasera. Ni hablar de volcar los asientos traseros para transportar algo más voluminoso.

La compró, sino recuerdo mal, hacia fin de año. En enero no nos fuimos de vacaciones a ninguna parte. Un día, estando en la casa de mi abuela en San Miguel, lo vino a buscar un tipo que tenía una distribuidora de fiambres y embutidos.

Al tipo se le había roto la camioneta y necesitaba seguir con el reparto. Era su época de mayores ventas. Así que mi viejo, para ganarse unos mangos, aceptó. Total eran unos tres o cuatro días. Allí salimos mi viejo, el tipo del reparto, la Estancieray yo.

A mí me llevaron para ayudar a acomodar los pedidos y hacer más fácil el trabajo. La mayoría de los almacenes del reparto estaban en calles de tierra. Como he rebotado en la parte de atrás de la Estanciera, a la cual le habíamos sacado los asientos traseros.

De tanto andar en calles de tierra las bocinas de la Estanciera, que también eran las originales, se quedaron mudas. La tierra las enmudeció. Solo recuperaron su voz cuando un día llovió y la humedad ambiente les recuperó su sonido.

A veces la torsión que sufría la carrocería vieja no dejaba que las puertas traseras cerraran bien. Solo lo hacían cuando la Estanciera estaba nivelada en un buen camino.

El primer día de trabajo volví con tanto hambre que me comí dos bifes. Mi padre dijo: “no lo llevo más. Lo que gané hoy este se lo comió en el almuerzo” Si porque en general el reparto era por la mañana. A la tarde estábamos libres.
Esa experiencia fue divertida para mí, un chico de 15 años que estaba de vacaciones en San Miguel y que vivía el resto del año en un barrio paquete de Buenos Aires.

Una vez  mi viejo pintó las llantas de la Estanciera de color blanco y azul. Las tuercas de color rojo. Toda una obra artística. Dejamos a la Estanciera con sus ruedas pintadas secándose en la casa de mi abuela y nos fuimos de visita a la casa de una tía de mi mamá.

Al volver, ya de noche, emprendimos el regreso a casa, en Buenos Aires. Era domingo por la noche y había que volver a las tareas habituales de la semana. Después de cenar algo partimos. Al llegar a la salida de San Miguel, donde la Ruta 202 y la vieja 8 se cruzan nos pasó algo impensado.

Una rueda trasera de la Estanciera salió disparada hacia atrás. Todavía recuerdo el sacudón por la caída, hacia la derecha y la rueda fugándose hacia el centro de San Miguel por la Avenida Mitre, hoy Avenida Balbín.

Nos quedamos justo enfrente de al gomería de Miguel Luengo, una dato para los vecinos de San Miguel. Por suerte para todos nada nos sucedió. Solo el susto. Además los dueños de la gomería eran amigos de mi padre y todavía hoy lo siguen siendo. Faltaban tuercas, pero mi viejo lo subsanó como en las épocas de gloria del TC (Turismo Carretera) tomó prestada una tuerca de las otras tres ruedas.

Nunca pudimos descubrir qué pasó con las ruedas. Ambos, mi padre y yo, habíamos ajustado todas las tuercas de las cuatro ruedas. Mi viejo las había sacado para pintarlas. Un misterio que no pudimos resolver y la Estanciera de protagonista.

La foto de la Estancieraes una gentileza de Coche Argentino: http://www.cocheargentino.com.ar/

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos


Thứ Tư, 8 tháng 5, 2013

Una película sobre IKA

Un seguidor de la página de Archivo de autos en Facebook, Fer Assperiano, compartió un enlace con un video sobre la producción de vehículos de IKA (Industrias Kaiser Argentina SA). La película, posiblemente de 35 milímetros, fue pasado a video y subido a YouTube.



La película nos muestra como era la producción de los diferentes vehículos que fabricaba IKAen la segunda mitad de la década del ’50. Hay un error en el texto que acompaña al video de IKA. Erróneamente se consignan dos años que no son acordes con la película.

La empresa IKA comienza sus actividades en Argentina en 1955 cuando en el mes de marzose comienza a construir la planta en Santa Isabel en las afueras de la ciudad de Córdobaen la provincia del mismo nombre.

En Santa Isabel, en un predio de 200 hectáreas, se construye la fábrica  que daría origen a la empresa IKA, de capitales estadounidenses. El primer vehículo lanzado al mercado fue el Jeep en abril de 1956 que salía luego de la construcción, en tiempo récord, de la planta de Santa Isabel.

En 1957 se lanzaba al mercado argentino la Estanciera, la versión del modelo estadounidense Willys Station Wagon. Al año siguiente, 1958, salía de la planta de Santa Isabel el lujoso Kaiser Carabela, la versión argentina del modelo Kaiser Manhattan de Estados Unidos.

En la película, ahora video, aparecen en la cadena de producción la Estanciera y el Kaiser Carabela, por lo que se deduce que el video es de 1958 o 1959 y no de 1956, ni menos de 1951, como se consigna en YouTube. Para 1951 la empresa IKA no se había establecido en Argentina y recién, como anticipé antes, en 1955 comienza a operar en la provincia de Córdoba.

Pese a esos detalles de los años el video resulta de un gran valor histórico para conocer cómo era la explosión de la industria automotriz, que comenzaba a darse en Argentina. Durante unos 25 años ese crecimiento iría en aumento en todo el país. Ver cómo se fabricaron autos extranjeros adaptados al mercado local tiene un interés cultural por que pasaba en materia industrial en los años ’50 en la Argentina.

La pregunta es por qué tantas industrias automotrices extranjeras eligieron la provincia de Córdoba tiene que ver con varios factores. El primero, y el más importante, que la energía eléctricaen esa provincia era la más barata de Argentina. Además la provincia de Córdoba contaba con la mejor red eléctrica de todo el país. Esto había comenzado a partir de la construcción de los embalses hidroeléctricos en la década del ’30.

Como factor preponderante fue contar con mano de obra no especializada, derivaba de la actividad agrícola-ganadera, que estaba en las cercanías de la ciudad de Córdoba. La industria automotriz en esos años de inicio en Argentina, no necesitaba de una mano de obra muy calificada. Así fue como esas primeras empresas, incluida IKA, fueron escuelas técnicas de capacitación para sus obreros industriales.

Más tarde vendrían la especialización técnica en el rubro automotriz y la sindicalización de sus obreros. Tal fue el grado alcanzado que el fenómeno que se produjo en la provincia de Córdoba fue estudio de universidades de otros países. Para los seguidores, tanto de argentinos como de extranjeros, que estén interesados en el tema les sugiero un interesante libro que esclarece sobre el tema: El Cordobazo, las guerras obreras de Córdoba 1955-1976 de James P. Brennan. Este libro fue publicado por Editorial Sudamericana en 1996. La edición original en inglés se publicó en 1994 con el título The Labor Wars in Cordoba, 1955-1976. Este libro nos pone en el contexto de la época y nos da un panorama de cómo se desarrollaron las empresas extranjeras y argentinas dedicadas a la industria automotriz en la provincia de Córdoba.

Para finalizar el agradecimiento a Fer Assperiano que nos trajo este interesante video que disparó esta nota sobre la empresa IKA y la industria automotriz en sus inicios, allá por los cincuenta.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos

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