Thứ Bảy, 29 tháng 3, 2014

Los autos de La Pruebita

Muchos seguidores de Archivo de autos no conocían, o no podían descifrar, cuáles eran los automóviles que aparecían en la vieja fotografía, que sirvió para realizar las 10 preguntas de La Pruebita del Domingo. Hoy les voy a revelar cada uno de esos autos para que, a futuro, los puedan reconocer.



Así que me tomé el trabajo de colocarles un número a cada uno de los autos para que puedan identificar a cada uno de los vehículos que están en la imagen. Estos eran los autos:

  1. De Carlo 700, que era la versión del BMW 700, de origen alemán, fabricado bajo licencia por Metalmecánica en Argentina.

  1. Alfa Romeo Giulia este auto italiano era totalmente importado a Argentina y nunca se armó o fabricó en el país.

  1. Siam Di Tella 1500 la versión del Austin A 60, inglés, con parrilla de Riley, que fabricó la empresa Siam Automotores y más tarde CIDASA (Compañía Industrial de Automotores SA) cuando pasó a manos de IKA (Industrias Kaiser Argentina SA).

  1. Ford Falcon modelo 1962, auto compacto de Estados Unidos, el que tenía la luneta trasera curva y nunca se fabricó en el país, solo se lo armó en la planta del barrio porteño de La Boca de la empresa Ford Motor Argentina.

  1. Borgward Isabella, de origen alemán, este auto primero se importó, luego se armó, pero con la marca Borgward o también Goliath-Hansa. Más tarde cuando se conforma la empresa Dinborg, sociedad de Borgward Argentina con DINFIA (Dirección Nacional de Fabricaciones e Investigaciones Aeronáuticas) se los fabrica en el país.

  1. Chevrolet Apache primera camioneta que comienza a fabricar la empresa General Motors Argentina en 1960 en el país.

  1. DKW-Auto Union, de origen alemán, fabricado en Argentina por la empresa Industria Automotriz Santa Fe SA (IASF) que tenía su planta en la localidad de Sauce Viejo.

  1. De Carlo 600 una versión anterior al De Carlo 700, que también era BMW además este modelo era Isetta, marca que había comprado la empresa alemana y se denominaba BMW-Isetta. También lo fabricaba la empresa Metalmecánica.

  1. Peugeot 403 auto de origen francés que fabricaba la empresa IAFA (Industriales Argentinos Fabricantes de Automóviles) y comercializaba en Argentina la empresa DAPASA (Distribuidora Automóviles Peugeot Argentina Comercial e Industrial SA).

  1. NSU Prinz de origen alemán que la empresa Autoar (Automóviles Argentinos) fabricaba en el país bajo licencia de NSU de Alemania. Hubo diferentes versiones que llevaba números romanos como identificación de acuerdo a las potencias de los motores.

  1. Isard T 400 microcupé de origen alemán que se fabricaba en el país bajo licencia de Goggomobil de Alemania y la empresa que lo hacía era Isard Argentina.

  1. Ford F-100 la camioneta nacional de la empresa Ford Motor Argentina con el diseño nuevo que se comenzó a vender a partir del año 1961.

En total eran 16los automóviles que se armaban o fabricaban en Argentina. Algunos tenían más integración de autopartes locales y otros no. Incluso los había con todas sus partes importadas y ensamblados en el país. Por ejemplo el Ford Falcon de 1962 era importado desarmado y armado en el país. Pero tenía algunos componentes argentinos como tapizados, neumáticos o batería. Era una de las condiciones que establecía el régimen automotor que regía por aquellos años en Argentina.

Las empresas automotrices debían ir integrando de a poco las diferentes partes de los vehículos. El caso de mayor integración que hubo por los inicios de la década del sesenta fue el Jeep de IKA que llegó a tener el 96% de autopartes argentinas. Ningún otro automóvil, de su época, alcanzó semejante nivel de integración en el mercado automotor argentino.

Por eso es que algunas empresas argentinas desaparecieron del mercado automotor por no lograr integrar las autopartes de los respectivos vehículos. En algunos casos no les interesaba porque hacían uso y abuso de los permisos para importar que les otorgara el estado argentino, a través del régimen automotor.

Lo importante que ahora todos los seguidores de Archivo de autos conocen cada uno de los automóviles que nos sirvió para La Pruebita del Domingo. Queda a consideración si realizaré nuevas Preguntitas del Domingocon este tipo de formato de trivia semanal con varias preguntas que reciben un punto por cada acierto logrado.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos



Archivo de autos es armado en un ciber por falta de recursos económicos, no por una política editorial.

La Preguntita del Domingo

Volvemos a la tradición Preguntita del Domingo: una fotografía, una incógnita. Aunque no será tan fácil esta vez. Eso al menos creo a la hora (tarde muy tarde en la noche) de escribir estas líneas. Esta vez me tendrán que responder una simple pregunta:


¿A qué automóvil pertenece este faro trasero?

Simple y sencilla la pregunta. Ahora les toca el turno a ustedes en revelar que automóvil es. Por supuesto que el conocimiento de los seguidores de Archivo de autos me sorprende día a día. Cuando creo que formulé la pregunta que nadie acertará, alguno de ustedes, tiene no solo la respuesta correcta, sino que además conocen más datos acerca de ese vehículo que nos sirve para jugar semana a semana.
Como siempre tienen tiempo de responder correctamente hasta el viernes 4 de abril a las 19 horas.
Las respuestas correctas las envían a archivodeautos@gmail.com.

¡Que la suerte los acompañe!

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos


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Nash: un sueño americano

Mi abuelo fue siempre igual: reservado, cordial y considerado. Pero esa mañana del 25 de junio, en la cabeza le daba vueltas ese infante que todos llevamos dentro cuando se nos pone el capricho en la cabeza. Y su capricho era ver el coche.

La trompa del Nash Ambassador 1947 del abuelo de Darío Ignacio Nochetti,
seguidor de Archivo de autos
.


Siempre, cuando existe la potencialidad de comprar un automóvil usado, aparece esa sensación que no solo se describe como ansias o impaciencia, sino también el profundo y verdadero deseo de que el auto esté en buenas condiciones y que madrugar haya valido la pena. Aunque en realidad, eso sucede hoy, que vivimos corriendo. Antes, había muchos menos coches en la calle, y tener uno lo ponía al propietario en una mejor posición social. No había prisa en comprar coche.

Rainieri (mi abuelo suele evitar los nombres de pila) era un mecánico de unos cincuenta años que tenía su taller sobre la Avenida Larrazábal, entre las calles Acasusso y Ercilla, vereda oeste, en el barrio de Liniers. Mi abuelo aclara que en ese entonces, no existía la especialización en materia de reparación de automóviles. Los mecánicos, que a lo sumo contaban con un peón, se ocupaban de todos los menesteres que al automóvil se referían: mecánica, electricidad, suspensión, tren delantero, etcétera. Y me cuenta que cuando ibas a buscar el coche listo al taller, Rainieri te daba la llave, le pagabas y te decía “Por diez mil kilómetros no venga a romperme las bolas”. Esto demuestra que los mecánicos de hoy en día se preocupan por conservar límpida la terminología de la época. Sin embargo, a pesar de las demoras y las groserías, el auto quedaba siempre perfecto.

Y Rainieri tenía en su poder, hacía ya unos años, un automóvil Nash 3798 Ambassador modelo 1937 en inmejorables condiciones, vehículo del cual mi abuelo se había enamorado irremediablemente. En varias ocasiones y hasta ofreciendo una buena suma de dinero, mi abuelo había intentado comprarle el auto a Rainieri, quien se negaba rotundamente.

Y en vista de la insistencia de mi abuelo y de su condición de vecino, Rainieri se ofreció a buscarle un Nash igual al suyo para que el pudiera comprarlo. Mi abuelo, agradecido, espero novedades por parte de Rainieri. Durante los meses de espera, estuvo muy cerca de comprarse un Lincoln Continental modelo 1945, de cuatro puertas y motor de ocho cilindros en línea, por el cual pedían 35.000 pesos de esa época. El coche era de un gitano que vivía en la calle Albariños, y estaba impecable. Pero para estar seguro de eso, mi abuelo necesitaba que lo viera un mecánico. Por cuestiones obvias, no podía hacerlo ver por Rainieri. Mi tío abuelo Waldo (su cuñado) le recomendó que lo hiciera ver por un amigo suyo, cuyo nombre se ha perdido ya en los arrabales de la historia. De todas maneras, una mañana de 1964 fueron el gitano  y mi abuelo en el Lincoln a ver a este tipo. Luego de revisarlo, mi abuelo conversaba con el mecánico sobre el vehículo cuando, al darse vuelta como un relámpago (vieja costumbre suya), ve al gitano haciendo un gesto con la mano abierta, mostrando el lado contrario de la palma al mecánico, como quien dice “cinco”. Mi abuelo sospechó entonces de un arreglo entre ambos, en el cual por la venta del vehículo, el recomendado de Waldo recibiría 5.000 pesos. Automáticamente anulo la operación y, tras el intento desesperado del mecánico de convencerlo, se ausento del lugar no sin antes enviar a los presentes al útero virgen de sus madres.

Su trabajo, la familia y otros asuntos le llevaban tiempo, de manera que no tenía posibilidad de buscar otro automóvil por sus propios medios, además de carecer del conocimiento necesario para determinar si un auto se encontraba en buenas condiciones. De manera que optó por esperar noticias de Rainieri.

Meses más tarde, golpean la puerta ya de noche. Cuando atiende por la pequeña ventana de la puerta alta de entrada (que aún sigue allí) se sorprende al darse cuenta de que se trata de Rainieri, que traía buenas nuevas. Había encontrado un Nash. Mi abuelo lo hizo pasar sin demoras, convidado con un café y masitas.

Un cliente de Rainieri, que también tenía un Nash, conocía a un hombre de apellido Petrone, dueño de un garaje en la zona de Palermo. Este caballero era propietario de un Nash que había decidido vender, pero Rainieri aclaró que se trataba de otro modelo diferente al suyo, pero se encontraba en condiciones inmejorables. Vacilante, mi abuelo aceptó acompañar al mecánico a ver el auto.

Y fue esa mañana del 25 de junio de 1964 que mi abuelo se paró frente al coche. Era un Nash Ambassadormodelo 1947, de cuatro puertas, de un color no lejos del lacre o granate. Y le gustó; de verdad le gustó. Lo recorrió de punta a punta mientras escuchaba los comentarios de Petrone: seis cilindros en línea, 85 caballos de fuerza, arranque automático, radio AM y cubiertas de fábrica, auxilio sin rodar, tapizado símil pana. Mientras, Rainieri, revisaba los aspectos mecánicos y estructurales del coche. La cola del tipo AirFlyte y los guardabarros traseros en conjunto le daban un aspecto aerodinámico sin igual. El frontal lucía unos apliques cromados que lo hacían musculoso, robusto, y en el remate del capot, yacía una dama alada cromada que fue motivo del enamoramiento inmediato.

Petrone continuó con la historia de cómo había llegado el coche a sus manos. Un capitán de navío de la Marina Argentina, vice-comandante del Bahía Thetis lo había comprado de cero kilómetro durante uno de sus viajes a los Estados Unidos. Años más tarde entabló una amistad con Petrone, quien finalmente le compró el coche. Pero lo tuvo poco tiempo, pues casi no lo usaba.

Dieron un paseo de prueba, con Petrone al volante, mi abuelo a su lado y Rainieri en la plaza trasera. El cuentakilómetros acusaba 49.000 kilómetrosde fábrica. El andar era único. Mi abuelo lo describió como “rodar en una cama con sábanas de seda”.

La cola del Nash Ambassador 1947 del abuelo de Darío Ignacio Nochetti,
seguidor de Archivo de autos.
Petrone pedía 50.000 pesos por el coche. Mi abuelo y Rainieri solicitaron un momento para conversar. Rainieri sugirió a mi abuelo ofrecerle 45.000 pesos, cosa de poder pelear el precio definitivo. Conversaron los tres al respecto, y la suma definitiva se plantó en 47.500 pesos, que se pagarían 30.000 pesos en efectivo al momento de la compra y los restantes 17.500 pesos en diez cuotas. En esa época, era común que las cosas de gran calibre se pagaran de esta forma. Y cerraron trato ese mismo día, un 25 de junio de 1964, día en que, sin ellos saberlo, se celebra el día del barrio de Palermo.

Se lo llevaron juntos a la casa de mi abuelo, a mostrárselo a mi abuela, a mi madre y a mi tía. Ante el momento efusivo, Rainieri decidió retirarse no sin antes recibir el agradecimiento interminable de mi abuelo, y la promesa de que iba a llevarlo a su taller para cada asistencia mecánica.

Salieron los cuatro a dar la vuelta inaugural. Sobre la calle Fonrouge, poco antes de llegar a la Avenida Rivadavia, mi tía Mirna (que entonces tenía apenas tres años de edad) no tuvo mejor idea que abrir la puerta trasera derecha mientras el auto estaba en movimiento. Mi abuelo se dio cuenta instantáneamente y detuvo el coche a un costado de la calle, y sometió a mi tía a una serie de palabras de reprimenda y unos flagelos leves.

En esa época, mi abuelo tenía un kiosco de diarios en la esquina de Avenida Sáez y Coronel Fagola. En el kiosco trabajaban dos empleados: un anciano que hacía los repartos a domicilio y un camarada de mi abuelo de apellido Temez. Ambos ganaban 14.000 pesos y 40.000 pesos, respectivamente. Todos los jueves y domingos, mi abuelo iba al kiosco a pasarse la mañana para ver que todo estuviera en orden, y al mediodía se retiraba con la recaudación de los días anteriores. Ese era el único trayecto que conocía el coche, con excepción de algunos viajes al camping de la familia en Moreno y algunas visitas a las Piletas Olímpicas de Ezeiza. En manos de mi abuelo, no conoció la ruta, pues en ese entonces todavía no veraneaban en Necochea, pero él admite que si hubiesen sido habitúesde esa ciudad costera, sin duda hubieran utilizado el coche para el viaje.

Pero como no hay mal que por bien no venga, en febrero de 1966 sucedió algo. Se celebraba en casa de mi abuelo la Confirmación de mi madre. Y la casa estaba adornada con telas y luces de vela, y había comida y bebida para cincuenta personas. Una de las compañeras y amiga de la infancia de mi madre no tenía manera de asistir, pues no tenia forma de llegar hasta la casa. Tras la súplica desmedida de mi madre, mi abuelo se ofreció (mas bien aceptó) a ir a buscarla. Era sábado por la noche y faltaba una hora para que comience la ceremonia cuando, en la esquina de Avenida Emilio Castro (en ese entonces era doble mano) y White, un furgón carrozado cruza por White hacia la Avenida Alberdi a alta velocidad, y mi abuelo no logra detener el Nash a tiempo. Resultado: el Nash se incrusta contra el lateral trasero del furgón, que gira sin control hasta detenerse contra el cordón de la vereda, justo en la esquina. Un hombre que estaba montado en una escalera pintando se salva de milagro de ser embestido por el furgón.

La trompa del Nash Ambassador 1947 del abuelo de Darío Ignacio Nochetti,
seguidor de Archivo de autos, luego del choque que sufriera en 1966.

Nadie esta herido, pero el Nash esta bastante dañado. No va a arrancar: el ventilador se incrustó en el radiador. El frente hace presión contra el conjunto de correas. Intentarlo podría dañar aún más los órganos mecánicos del pobre Nash. Y es sábado por la noche, ninguna grúa esta de servicio. En ese tiempo, había cuatro o cinco compañías de seguro, pero el servicio de grúa no existía. La solución llegó a su mente cuando imagino que un camarada suyo que disponía de un remolque podría llegar a asistirlo. Así fue: su compañero lo remolco cerca de las diez y media de la noche rumbo a un taller mecánico que él mismo recomendó, ubicado en la esquina de Avenida Alberdi y Varela. Y allí estuvo el Nash durante dos meses. El trabajo de chapa fue arduo, pues al no existir en el acabado otro material más que el acero, el recambio de piezas estaba descartado, de manera que había que enderezar y reutilizar cada pieza metálica del frente dañado. La parte mecánica dañada la reparó Rainieri por indicación exclusiva de mi abuelo. Poco tiempo antes de terminar su trabajo, el chapista sugirió a mi abuelo repintar el coche por completo. En esa época repintar un coche no era tan caro como lo es hoy en día, y en vista de algunos pequeños defectos de la pintura original, mi abuelo accedió sin replica. La decisión, eso si, fue de él: el conjunto capot, techo, parantes y baúl fue pintado en color verde claro. Los paneles laterales, las puertas y los guardabarros, en verde oscuro. El auto quedó espectacular.

Tres años después, en el calorcito de fines de 1969, mi abuelo consideró adecuado vender el Nash. Para su criterio, el coche había sido de gran utilidad y había cumplido fielmente su ciclo juntos. Pero los años se le venían encima y no era conveniente atrasarse en el modelo (recordemos que para 1969, el coche tenía ya 22 años). Y el candidato no tardó en aparecer: Temez le ofreció a mi abuelo comprarle el coche ni bien se lo dijo.

Y días antes de la Navidad de 1969, Temez le compró el Nash a mi abuelo en 53.000 pesos.

Antes de bajarse por última vez, mi abuelo observo el cuentakilómetros. Todavía recuerda la cifra sin dudar: 79.000 kilómetrosreales de fábrica tenía cuando lo vendió. Le había hecho 30.000 kilómetrosen cinco años. Bastante para la época.

Seis meses después de haberlo comprado, Temez chocó el Nash contra un colectivo de línea 2. Esta vez quedó destruido y nunca pudo repararlo por falta de dinero, lo abandonó cerca de la casa de mi abuelo, que cada tanto lo veía.
Un día no lo vio más.

Algunos años después volvió a ver a Temez, pero vaya a saber por que inexplicable sensación de tristeza no se atrevió a preguntarle nada.

- Es cariño, abuelo. Por eso te ponés triste. Vos al auto lo querías.
Me mira arrugando el entrecejo.

- Era un auto, Darío. Era un auto, nada más.

Le cuesta porque el es así, de la generación que todo era tangible. Le cuesta reconocerlo pero yo imagino lo que piensa.

“Que autazo el Nash.”

Darío Ignacio Nochetti


Nota del editor: el autor de este relato es un seguidor de Archivo de autos y nos contó la historia de su abuelo y su querido Nash. Gracias a que me envió el texto y las fotos es que pude publicar tan conmovedor historia de vida con los viejos fierros que supimos conseguir.



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La Respuestita del Sábado

Los resultados de La Pruebita del Sábado


La verdad que parece que la palabra “prueba” los asustó a varios. En realidad no era tan difícil de responder, además no era obligatorio contestar todas las preguntas. ¿Cuántas veces en la escuela no contestamos todas las preguntas de una prueba?
No hubo “valientes” que se animaran a responder las 10 preguntas de la “prueba” de este domingo. En cuanto a la respuesta 8 consideré válidas las siguientes contestaciones: Gymkhana, Regularidad, Standard y Turismo Mejorado, porque en realidad tampoco tengo la respuesta exacta. Me inclino que es la categoría Standard, pero no puedo afirmarlo porque la fotografía, que salió publicada en la revista Parabrisas número 33 de agosto de 1963, no lo tiene ningún epígrafe que indique cuando fue tomada la foto, desde el helicóptero Sikorsky que proyecta su sombra, ni en qué lugar. Podría llegar a ser un rally que organizó la revista Parabrisas y del cual se hace mención en la sección Deportes, portada que es la fotografía que nos sirvió para La Pruebitadel Domingo.



Las respuestas correctas eran las siguientes:

1- Eran 16 automóviles argentinos, salvo el Alfa Romeo rojo que era totalmente importado.
2-    Un solo auto era el extranjero que era el Alfa Romeo rojo.
3-   Nueve eran los autos de origen alemanes que eran 3 Borgward Isabella, 1 De Carlo 700, 1 DKW-Auto Union, 1 De Carlo 600, 2 NSU Prinz y 1 Isard T 400.
4-   Cinco los autos de origen estadounidenses que eran 2 camionetas Chevrolet, 2 Ford Falcon y 1 camioneta Ford.
5-    Solo 1 auto de origen francés que era el Peugeot 403.
6-    El único auto de origen inglés era el Siam Di Tella 1500.
7-     Ningún auto argentino de origen italiano, armado o fabricado en Argentina, había en la foto.
8-   Esta es la respuesta con varias posibilidades como Gymkhana, Regularidad, Standard y Turismo Mejorado.
9-    El automóvil que más tiempo se fabricó, en la foto, es el Ford Falcon que contaba con 2 unidades en la imagen.
10- Tres autos argentinos tenían siglas en sus marcas y era el único DKW-Auto Union y los 2 NSU Prinz.

Pensé que La Pruebita del Domingo tendría una mejor repercusión entre los seguidores de Archivo de autos. Así que está a consideración si la vuelvo a repetir alguna vez. Mañana, como siempre, regresa La Preguntitadel Domingo que tampoco será fácil, pero ustedes, los seguidores, siempre logran sorprenderme con sus conocimientos.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos


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Un Sunbeam para batir un récord

Un 29 de marzo de 1927 el piloto O. H. D. Segrave logra batir el récord de velocidad cuando alcanzó los 327 kilómetrospor hora en la playa de Daytonaen el estado de California en Estados Unidos. El automóvil que logró batir el récord era un Sunbeam de 1.000 HP.

El Sunbeam de 1000 HP que batió el record de velocidad en 1927.


El Sunbeamestaba equipado con dos motores de 12 cilindros que totalizaban una cilindrada de 44.888 centímetros cúbicos y una potencia de 1.000 HP. El inglés Segrave logró batir el récord establecido por Malcolm Campbell el 4 de febrero. Campbell era rival de Segrave en la obtención de récord de velocidad.

El automóvil Sunbeamestaba totalmente encarenado una diferencia con respecto a los automóviles creados para batir récord. Segrave logró llevar al Sunbeam a los 327 kilómetros por hora en las playas de Daytona, California, Estados Unidos.

La fotografía nos muestra el Sunbeam de Segrave que se encuentra en el Montagu Motor Museumde Beaulieu de Gran Bretaña y salió publicada en la Enciclopedia Autorama, fascículo 50 del 15 de noviembre de 1968.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos



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Thứ Sáu, 28 tháng 3, 2014

Amo a mi auto

El mejor título para esta breve historieta que hoy vemos con la firma de Suar, nada que ver con el dueño de Polka, la productora de productos televisivos. Conozco personas que bien podrían ser los protagonistasde esta serie de dibujos humorísticos, pero que de humor, en el caso de los humanos, no tienen nada.

Breve historieta publicada en la revista Parabrisas número 78 de junio de 1967.


La revista Parabrisassupo tener varios humoristas que nos brindaron sus chistes o pequeñas historietas, como la que vemos hoy. En su gran mayoría sin palabras y solo con los dibujos podíamos entender claramente cuál era el concepto que nos querían transmitir.

Suar seguramente era un seudónimo que justamente es el mismo apellido de un famoso actor devenido en productor de “tanques” televisivos que se emiten por el Trecede la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Solo parece ser una coincidencia porque la historieta fue publicada en la revista Parabrisas número 78 de junio de 1967.

Si conocen a alguien que quiere tanto su automóvil, como el protagonista de la historieta, se la pueden de dedicar o hasta enviarpara que confeccione un marco para colgarla en el garaje junto a su amado automóvil.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos



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Thứ Năm, 27 tháng 3, 2014

Un Chevrolet con motor trasero

El Chevrolet Corvair vio la luz en 1959, en Estados Unidos, y tal vez fue el auto que más dolores de cabeza le trajo a la General Motors Corporation. Hoy veremos una publicidad de 1966.

Publicidad publicada en la revista Esquire en febrero de 1966.


El Corvair tiene el honor de ser el primero de los autos compactos que presentó una de las automotrices “grandes” de Estados Unidos. Las otras dos, Ford y Chrysler, tardarían un poco más en presentar sus respectivos autos compactos.

Lo novedoso, para el mercado estadounidense, era el motor trasero y refrigerado por aire. Algo no habitual en ese mercado americano. Tal vez muchas innovaciones para un público conservador en materia automotriz.

Su creador, Edward Cole, terminaría como presidente de la General Motors, pero no sería rosas la vida del Chevrolet Corvair. Por un lado el libro que publicara Ralph Nader (Peligroso a cualquier velocidad, para la edición en Argentina) y por otro falencias mecánicas se convertirían en la lápida de este auto extraño para el país del norte.

En su primer año completo de ventas, 1960, alcanzó las 230.000 unidades vendidas, para 1964 la cifra se había detenido en 190.000 unidades. En 1966, año de la publicidad de este viernes, la cifra de unidades vendidas había descendido a 90.000 y en 1968 la cifra cayó a 13.000. Apenas 4.500 unidades se vendieron en 1969, último año que se lo fabricó.

Juicios mediante, que no perdió la General Motors, pero si llegó a acuerdos extrajudiciales le fueron suficiente a la empresa para descontinuar el Corvair e incluso ofrecerles a los compradores de 1969un certificado por valor de 150 dólarespara adquirir cualquier otro automóvil Chevrolet hasta finales del año 1973.

El Corvairfue considerado un auto inestable, gran consumidor de combustible a cambio de una baja potencia y escasa velocidad final. Y lo más grave de todo recalentamientos del motor que producía su incendio. Un auto que fue un severo dolor de cabeza para los directivos de la empresa más grande del mundo en aquellos años.

El Chevrolet Corvair tuvo diferentes versiones de dos y cuatro puertas, convertibles o cerrados. Hoy vemos en una vieja publicidad el modelo Corvair Monza Convertible de 1966. Noten que el tapizado hace juego con el color de la carrocería y hasta el tablero con el volante están engamados en color rojo. Algo que se repetía en la mayoría de las marcas estadounidenses de los años ’60. Eso lo vimos con las marcas, de ese origen, que fabricaban autos en Argentina.

La publicidadapareció publicada en la revista estadounidense Esquire en el mes de febrero de 1966.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos


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